Hacía Itaca

Blog sobre dinamización lectora en el entorno escolar y escritura creativa.

La Encamisá de Torrejoncillo desde el mito.

De todas las leyendas que se señalan como hipótesis posibles de la Encamisá de Torrejoncillo (Cáceres), fiesta de interés turístico regional, hay una que me llama poderosamente la atención ya que vincula esta fiesta a un rito vetónico con el que se rendía culto a Ataecina, diosa del renacer, la fertilidad, la naturaleza, la luna y la curación.

Exvoto de bronce dedicado a la diosa Ataecina.

Sobre esta teoría versa un artículo de José María Domínguez Moreno «LA ENCAMISÁ», significado y orígen de una fiesta cacereña. Publicado en la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. La lectura de este artículo donde se habla de una posible vinculación de la Encamisá con ritos ancestrales dió pie al siguiente relato:

La Encamisá desde el mito.

La noche tiende oscura su tela sobre el vuelo último de una cigüeña. En la atalaya, repiquetean furiosas las campanas, mientras que Invierno asoma tímido sobre la niebla gris de una escopeta.

Atrapado queda el fuego tras un viejo farol.

Una puerta se abre al cielo. El pueblo, encoje enorme su corazón. En cada mejilla asoma una lágrima.

La eterna madre de la tierra, alumbra el camino durante la noche; divinidad fértil por siglos venerada, diosa de la noche y en la noche, dea sancta María; dea sancta Ataecina; dea sancta Proserpina.

Cuentan que allá por el inicio de los tiempos, la más hermosa de las diosas madre, loca de dolor, desciñóse los cabellos dejándolos libres a su espalda en señal del más terrible de los duelos: Hades, rey de los infiernos habíale arrancado de los brazos a Proserpina, su hija, en la más plena juventud.

Fue entonces, cuando la más hermosa de las diosas madre dejó de cuidar la tierra.

Y en las tinieblas reinó el frío. Y quiso entonces, la más hermosa de las diosas madre combatir frío y tinieblas con fuego. Atrapado quedó éste tras la antorcha de un viejo farol.

Desde aquel día mil teas encendidas alumbran por siempre cada año el camino hasta la hija.

Y cada séptimo día del mes de diciembre: la blancura impoluta de la sábana raya el signo del camino.

Y cada séptimo día del mes de diciembre: absorto sueña el fuego su crepitar de jachas y joritañas.

Y cada séptimo día del mes de diciembre: baila sonámbulo el invierno mecido por el vals de su solsticio.

Cada siete de diciembre truena por siempre PURA la escopeta, ahuyentando ese hado temible que gusta habitar mudo el corazón de los hombres.

Cartel Encamisá 2024