Quizás no sea casual que noviembre, mes agónico de luz y antesala del solsticio de invierno, sea el elegido de entre todos los meses para señalar el día internacional del Flamenco.
A pocos años aún de la celebración del centenario del nacimiento de Carmen Amaya, quien naciera a su vez en este noveno mes del calendario romano, la UNESCO decidió tal que un día 16 , proclamar al flamenco patrimonio inmaterial de la humanidad.
A día de hoy, el origen de este arte así como su denominación conceptual, continúa siendo un auténtico misterio.
Nadie sabe exactamento de dónde viene ni por qué se llama así barajándose varias teorías e hipótesis entre los Flamencólogos o estudiosos del flamenco a quienes el cantaor José Monje Cruz, gustaba referirse no sin ironía como Flamencólicos, quizás por aquello del purismo del que solían hacer gala siendo reacios a cualquier innovación artística sobre todo si llevaba la firma del mismísimo Camarón.
Según estos eruditos, el nombre de Flamenco pudiera aludir a cierto vínculo con los Paises Bajos, téngase en cuenta que durante siglos el reino de Castilla estuvo estrechamente vinculado con Flandes a través del emperador Carlos V.
Otros comentan, que en realidad es una denominación comparativa que pone de relieve la similitud de algunas posturas físicas del baile con la postura peculiar que adoptan ciertas aves migratorias de tono rosado habitantes fieles de las marismas.
No será hasta el S.XVIII cuando encontremos con referencias escritas a fiestas o juergas flamencas:
“Allí tuve la dicha de conocer al señor tío Gregorio. A su voz ronca y hueca, patilla larga, vientre redondo, modales ásperas, frecuentes juramentos y trato familiar, se distinguía entre todos. Su oficio era hacer cigarros, dándolos ya encendidos de su boca a los caballeritos, atizar los velones, decir el nombre y mérito de cada gitana, llevar el compás con las palmas de las manos cuando bailaba alguno de sus más apasionados protectores, y brindar a sus saludes con medios cántaros de vino. […] Contarte los dichos y hechos de aquella academia fuera imposible, o tal vez indecente; sólo diré que el humo de los cigarros, los gritos y palmadas del tío Gregorio, la bulla de todas las voces, el ruido de las castañuelas, lo destemplado de la guitarra, el chillido de las gitanas sobre cuál había de tocar el polo para que lo bailase Preciosilla, el ladrido de los perros y el desentono de los que cantaban, no me dejaron pegar los ojos en toda la noche” José Cadalso, Cartas Marruecas (1789)
Así mismo, cabe señalar que ya Cervantes en 1613 habla de un baile propiamente andaluz en su obra La gitanilla y que Estrabón, geógrafo del s. I d.C alude en sus escritos a las Puellae gaditanae, misteriosas bailarinas de la Bética conocidas en el imperio por sus sensuales bailes acompasados del sonido de los crótalos.
Federico García Lorca se hace eco de la existencia de estas bailarinas en su conferencia Teoría del juego y el duende, donde señala además la dimensión universal del flamenco como expresión cultural de los pueblos.
Justamente la tierra de estas puellae, Cádiz fue un punto donde convergieron gran diversidad de culturas, desde la fenicia hasta la gitana en el siglo XV, pasando por siglos de convivencia entre árabes, judíos, cristianos y mozárabes.
El arte flamenco sería pues la mejor expresión de cada uno de los pueblos que nos conforman. Siglos de convivencia e intercambio cultural han hecho de éste un arte universal.
Triana (Sevilla), Jerez (Cádiz) y las Cuevas del sacromonte (Granada) forman el triángulo conocido como la cuna del flameco. Desde ese punto, ha ido extendiéndose gracias a las antiguas ferias de ganado de Extremadura, a todos los puntos de la península ibérica. A día de hoy podemos hablar de flamencos hasta en Japón.
Al pueblo gitano y su estrecho vínculo con los tratos de ganado en las grandes ferias ganaderas, se debe la conservación y transmisión de la cultura flamenca.
Hace más de un siglo que este arte se hizo así mismo, en las fraguas, en las tabernas, las cuevas, los corros de vecinos… Actualmente ha dado el salto desde las peñas flamencas a los grandes escenarios.
Sus instrumentos tradicionales, palmas, pitos y guitarra se han ido ampliando gracias a la expansión del mismo. De su constante viajar por el mundo se ha apropiado de instrumentos tales como el cítar de la india o el cajón peruano, conocido ya como cajón flamenco.
La aportación aquí de artistas de la talla de Camarón de la Isla o Paco de Lucía ha sido más que decisiva.
A día de hoy suenan flamencos, violines, bajos, contrabajos, platillos, flautas… El flamenco no para de enriquecerse de todas y cada una de las músicas del mundo.
Se estructura en cante, toque y baile. A sus intérpretes se les llama cantaor, tocaor o bailaor, sin la -d- intervocálica ya que como bien argumenta el cantaor chiclanero Rancapino, éste es un arte que se hace con faltas de ortografía. Es decir, se fundamenta en la tradición oral.
Muchos son los artistas que han ido tejiendo la universalidad del flamenco, desde el primer artista conocido del que se tiene noticia ya en el siglo XVIII, El planeta, hasta Pastora Pavón, La niña de los peines en el s. XX, cuya voz fue declarada bien de interés cultural en 1999 por la Junta de Andalucía.
Es importante conocer que los cantes, se relacionan entre sí como una gran familia, como un árbol genealógico. Los más antiguos han dado lugar a los más modernos. En este sentido diremos que los abuelos de los cantes son: La toná, la soleá, la siguiriya, el tango y la bulería.
Se canta a la vida, al amor, pasión, alegría, tristeza, tragedia, celos, muerte, infancia, cárcel…
En la actualidad, se viene reivindicando como un gran recurso pedagógico en las aulas, por su eclecticismo, respeto y aceptación del otro. El flamenco es sin duda nuestro rasgo cultural identitario más universal.
Muchas son las actividades que pueden realizarse desde la biblioteca con motivo de este día. Opto por reseñar alguna de las actividades que hemos realizado en el día de hoy.
- Cuenta- cuentos: Montse Ganges. “De qué están hechas las niñas flamencas” Combel Editorial.
- Fotocall: Decorado de aula con motivos flamencos: Pañuelos, peinetas, flores y caracterización.
- Celebraciones pedagógicas y culturales
- CUENTOS DE TRADICIÓN ORAL
- Educación emocional
- Leyendas
- Mis movidas literarias
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- Sin categoría
- Tradiciones y folclore























