En la última sesión de este mes hemos puesto fin a nuestro particular abril literario.
Para ello, nuestro taller inició ayer una sesión especial de animación lectora a través de la puesta en escena de un fantástico Scape-Room lector.
Nada más llegar al aula, fuimos recibidos por una curiosísima caja roja, un soporte para teatro de sombras y… ¡Una gallina!
Si, habéis leído bien, una gallina. Y ahora sé que estáis pensando, como también pensamos nosotros, que qué pintaba allí aquel ave.
Pues bien: era nuestra guía.
Tres pruebas nos venía a presentar para poder conseguir la llave que nos llevaría hasta el cofre rojo para poder así dar vida al teatrillo de sombras. .
La primera prueba, consistía en buscar unos huevos de oro que había que decorar para formar con ellos una misteriosa palabra (Mansaborá); la segunda, consitía en señalar dónde estaban las diferencias entre dragones y caballeros prácticamente iguales; y la tercera, adivinar cuatro acertijos misteriosos.
Gracias a nuestro esfuerzo lector en equipo, conseguimos la llave que abría el cofre rojo, y cuál fue nuestra sorpresa al ver que allí se encontraba todo lo necesario para dar vida a una maravillosa leyenda abrileña: La Mansaborá.
El misterio atávico que supone el paso del tiempo al ritmo de las estaciones del año, y su no menos enigmática conexión con las emociones humanas, ha venido a explicarse desde la literatura a través de los más fascinantes relatos mitológicos.El Rapto de Perséfone, es uno de ellos.
Hades – dios del inframundo- rapta a la ninfa Perséfone -hija de Démeter / Ceres– la diosa protectora de los ciclos naturales y la fertilidad de la tierra.
Su ausencia provocará tal tristeza en la diosa que dejará morir al planeta. Para dar solución a este desastre natural y paliar en parte la pena desmedida de la diosa madre, Zeus acuerda con Hades que la ninfa vuelva junto a Ceres durante seis meses y que pase el resto del tiempo junto a su esposo en el suntuoso palacio del infierno.
Cuando Perséfone vive con Ceres es tiempo alegre de primavera y verano pero cuando baja al averno es tiempo otoñal y de invierno.
De este mito hemos querido aprovecharar alguno que otro de sus elementos para conectar el otoño con el Fomento de la lectura. Así, el fruto otoñal de la granada, culpable en parte de que la ninfa tenga que vivir bajo la oscura tierra, nos ha servido de soporte artístico para proponer y jugar a las adivinanzas.
Como base para narrar desde la oralidad este extraordinario relato nos hemos basado en el libro Mitología para niños: El rapto de Perséfone; escrito por Javier Alonso López e ilustrado por PeeKaboo Animation que podéis encontrar en la editorial Shackleton Kids.
¿Qué la mitología es muy densa para explicarla a los niños? Nada más lejos de la realidad. El relato mitológico es un relato fantástico, tradicional que conecta al niño con un mundo que le es muy cercano: el de los prodigios, la creatividad y la fantasía.
«Ana comprendió que si Hitler no hubiese llegado al poder, nada de aquello habría ocurrido. Tal vez, seguiría en su casa de Berlín con el conejo rosa en su cama”.
La triste y monótona cadencia que siguen las hojas en otoño al dejarse caer quizás me haya espoleado hasta las mismísimas páginas de uno de mis libros “de oídas”: Cuando Hitler robó el conejo rosa de la escritora alemana Judith Kerr. (1971)
Mucho no ha de hacer desde el día en que mencioné este título en un ejercicio de reflexión profunda y por escrito que nos pidió Pilar López Ávila_ autora de Ayobami y el nombre de los animales_ sobre aquellos libros que de manera consciente o inconsciente han ayudado a forjar el perfil de aprendices de escritor de todos los que decidimos embarcarnos junto a ella en la emocionante aventura – por supuesto online acorde con los tiempos – del aprendizaje sin prisa pero con pausa que suele darse a lo largo de nuestra adulta vida.
¿Somos lo que leemos? Arrojaba Pilar esta cuestión cual pesado fardo ante nuestros pies.
Y para responder a ello, decidí establecer una clasificación literato-emocional compuesta por tres categorías narrativas: narraciones orales, narraciones leídas y narraciones “ de oídas”.
Las primeras, las más de las veces improvisadas por papá, ahuyentaban ese atávico miedo a la oscuridad que acecha cual lobo malo de cuento agazapado tras la rendija de una puerta. Tampoco podían faltar, las que desde la voz dulce de mamá arrullaban cada noche hasta el sueño, al tiempo que una ociosa bruja luchaba por entregar de una vez su venenosa manzana.
El tercer y último lugar correspondía pues a las de oídas. Sí, narraciones oídas pero nunca leídas; Esas mismas que de manera fugaz dejaban verse entre conversaciones preadolescentes hasta decidir emparedarse en algún lugar recóndito de la memoria por tiempo indefinido, para ser algún día rescatadas a la manera de aquel juego de patio que poco a poco había ido dejando ya de emocionar.
A esta última categoría literato-vital es a la que durante décadas decidí adscribir esta novela. Publicada por vez primera en 1971, con tintes autobiográficos, narra en primera persona como la sorprendente victoria del partido Nazi con el consiguiente ascenso de Hitler hasta el poder en la Alemania del 33, trastroca por completo la vida de Anna y de toda su familia.
La mirada de Anna nos lleva a transitar por la vida difícil de aquellos que han de dejar todo atrás con tal de poner a salvo sus vidas.
Un libro donde se intuye el canto mísero de los expatriados y también la locura de aquellos que han sido despojados de su propia identidad.
Es un libro duro si uno se decide a leerlo entre líneas pero profundamente vitalista, ya que a pesar de todo, sus protagonistas tendrán una segunda oportunidad.
No recuerdo bien si fue en la escuela donde hace ya más de treinta años escuché hablar de esta novela, sé que desde entonces me ha sabido esperar. Tampoco llegaré a saber si quizás el mismísimo Eolo, Dios impulsor de la flotilla sumud global, habrá tenido algo que ver en este afortunado rescate. Lo que sí se es que no sólo somos aquello que hemos leído, sino que además somos todo aquello que aún nos queda por leer.
«…Un niño con un libro de poesía en las manos, nunca empuñará un arma…»
Gloria Fuertes.
La poesía como recurso pedagógico en las aulas, debería tenerse en cuenta como potente herramienta educativa.
Conmover a través de la palabra, emocionar, siempre ha sido el tesoro mejor guardado de quienes han sabido dar forma sublime a las palabras ayudados por el cincel de la poesía.
Vinculada desde la antigüedad con los dioses siempre ha sido más profundamente humana que divina por su capacidad de transmisión de belleza, sentimientos y emociones.
Acercar a los niños a la poesía es llevar a los niños al dominio de la lengua. Dejarles pasear por las orillas del ritmo, invitarles a bailar, jugar y cantar los sonidos del idioma quedando éste fijado en su memoria.
Apolo dios de la poesía.
La lectura de poesía durante la infancia y la adolescencia:
Afianza la percepción del ritmo y su conciencia fonética y fonológica.
Amplía el vocabulario: Ayuda a afianzar las palabras ya adquiridas y añade otras nuevas.
Pone al alumando en contacto directo con lo simbólico y lo mágico muy cercano a su universo infantil.
Estimula su creatividad y memoria.
Ayuda al alumnado en su proceso de aprendizaje de escucha activa.
Poesía visual (Esther Rodrigo). Manualidad duende de otoño, niños y niñas de Fomento de la lectura del CEIP Virgen del Casar de Portaje.
Aprovechando la caída de la hoja sobre el fragor del bosque otoñal hemos conocido a Dorado, un duende de otoño que ha venido a trabajar poesía, palabra, ritmo e imagen con nosotros.
Aprovechando la caída de la hoja sobre el fragor del bosque otoñal hemos conocido a Dorado, un duende de otoño que ha venido a trabajar poesía, palabra, ritmo e imagen con nosotros.