Hacía Itaca

Blog sobre dinamización lectora en el entorno escolar y escritura creativa.

Una princesa encantada para el ocho de abril.

Seamos honestos para reconocer que las más de las veces nuestra actividad de animación lectora suele transcurrir entre la algarabía bullicionsa de no pocas risas infantiles. Así es como debe ser en edades tan tempranas y en un taller tan versátil como el que nos compete.

No sólo nos fascina jugar a identificar emociones, crear personajes, hacer mímica… sino que nos atrae además la palabra escrita y por supuesto la palabra contada.

Y es que tras una primera parte en la que activamos nuestra energía creativa a partir de nuestra expresión corporal mediante la mímica, la escena, y las dinámicas grupales, contamos con una segunda parte en la que apartir de cierta fórmula oral cuasi sagrada nos encuadramos en un mundo de imaginación y fantasía en el que todo puede pasar.

Para acceder a ese mundo de ensueño, encanto y fantasía desbordada son necesarios dos ingredientes muy precisos: el silencio y la escucha. Sin ellos, la magia de la palabra no nos puede llegar.

Tan sólo necesitamos fórmulas tales como «Érase que se era…», «Había una vez…», «Cuentan los que bien lo saben…» para que se haga un silencio sepulcral, se afinen los oídos y aparezca el brillo de unos ojos bien abiertos…

Este ocho de abril, la magia vino dada por un cuentecillo popular recopilado en el libro Roman Paramici (Cuentos gitanos), adaptado por José Antonio Lago e ilustrado por Micaela Flores Amaya, la genial bailaora conocida como La Chunga.

La princesa encantada, que así titulan el cuento en la colección, pertenece a esa estirpe de cuentos maravillosos con estructura paralelística y final cerrado y feliz.

Young man in patched clothes kneeling by pond reaching toward a crowned frog on lily pad

Un cuento en el que el sapo encantado no es príncipe sino princesa, el tercero en discordia de los tres hijos que suele tener un rey, es quien ayudado por la astuta princesa encantada, logra resolver un conflicto vital para poder comer feliz una perdiz.

Two ornate glowing bridges over a river with a large glowing crystal and ancient boots on a forest path

Un cuento en el que no faltan elementos mágicos: zapatos de hierro para recorrer el mundo, hora bruja de las doce de la noche al más puro estilo Cenicienta, piedras encantadas, soplidos mágicos, puentes de oro y además de plata…

Héroe y heroína consiguen mantener nuestra intriga desde el principio hasta el final y guiarnos así hasta la parte más creativa y sostenible de nuestro taller con la elaboración manual a través del reciclaje de rollos papel, de unas divertidas ranitas comemoscas en homenaje a nuestra encantada princesa.

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