Hacía Itaca

Blog sobre dinamización lectora en el entorno escolar y escritura creativa.

Mes: noviembre 2024

  • En ocasiones el silencio, abre la puerta a la noche, pérfida guardiana de tesoros prohibidos. Es entonces cuando afloran esos recuerdos impulsados por algún resorte diabólico que nos acecha, hostiga y acosa hasta dejarnos asustados y escondidos tras un reloj de pared como cabritillo que nunca debió confiar en la oscura patita que asomaba por debajo de la puerta.

    Sólo entonces, comprendes que en la inmensidad de la noche no hay posibilidad de guarida. Que tras las doce campanadas, no existe hechizo que de cobijo a la madeja del destino. No hay magia capaz de hilar la vida.

    En esta noche callada y sin luna, no puedo evitar acordarme de Dorothy y sus zapatos. Aquellos zapatitos mágicos, plateados, que a cada golpe de suela levantantaban a la niña de acá para allá, de Este a Oeste o de Norte a Sur. Eran el faro perfecto ante la inmensidad de una tierra extraña.

    ¿Plateados o rojos? Quizás rojos. Rojo debió de ser el color de aquellos que una vez encontré mientras rebuscaba en el fondo de una vieja mesilla. Permanecían inmóviles y polvorientos en casa de la abuela, aquella casa inmensa traspasada de luz en todos sus balcones.

    Rojos. Rematados por un coqueto tacón carmesí que sonaba y resonaba alegre bajo mis pies, intentando dibujar los pasos antaño aprendidos por mis padres en su juventud bajo las partituras de la orquesta Mambo y la Tucán.

    Segura estoy de que en más de una ocasión, de niños, parábanse curiosos ante la puerta del baile de Tío Jaime en la plaza, soñando con bailar mientras observaban a los mozos y mozas que se daban cita allí cada Domingo.

    Rojos, bailarines y divertidos. Más de una vez hubieron de sonreír ante la ocurrencia de Tía Paula, quien acostumbraba a «repartir cera» a golpe de bolsa bien llena de duros, a los pillastres morosos que se intentaban colar en su pista de baile.

    Rojos, bailarines, divertidos y viajeros. Al principio se conformaban con pequeños trayectos, desplazamientos cortitos a las poblaciones aledañas en calidad de animadores del naciente club de fútbol local, San Andrés. Aunque en alguna ocasión soñaron con volar tan lejos que llenaron de colores la sal del mar.

    Y de la sal del mar a la algarabía en las aguas dulces del río Alagón durante los últimos compases del mes de Julio.

    Cada dieciocho del mes, con motivo de no se qué impuesta y obligada celebración nacional, recorrían los zapatitos la entonces palpitante Aceña del Duque. Un remoto hoy, abandonado lugar.

    Zapatitos soñadores, zapatitos viajeros, zapatitos juguetones… Zapatitos testigos en su inocencia de la emoción que invade a los niños la llegada de atracciones como “las cubas” o “las volanderas”durante los días de feria.

    Pero llegó el momento del fuego… Fuego inmenso, arrebatador, fuego que funde corazones de plomo, fuego que sabe arrastrar consigo a bellas bailarinas junto a los soldaditos cojos. Fuego que marca siempre cuál es el camino amarillo de baldosas a seguir. Fuego que llevaba en sí la inmensidad de unos ojos y el amor.

    Y tras el amor caminan mágicos los zapatitos del ayer y del hoy condenados errantes del destino. Caminan aplastando brujas de Norte a Sur, de Este a Oeste mientras persiguen corazones de hojalata.

    Estos zapatitos del ayer, caminan y caminan y nunca dejarán de caminar por siempre y para siempre jamás.

    El Telar. Revista Cultural de Torrejoncillo. Año 2017.

    MIS SITIOS PREFERIDOS:

  • Algunos, o tal vez muchos, puede que sean los años que ando en relaciones con libros infantiles de lo más variopintos: libros alegres, libros fantásticos, algunos en formato cómic, otros de mínimo tamaño…Todos ellos, eso sí, adornados con potentes ilustraciones para asombrar con ellas a esta generación de niños y niñas hiperdigitales.

    Soy solo mía de Raquel Díaz Reguera llegó a mis manos mecido por una amplia sonrisa y unos ojos alegres. Llegó sin avisar, como llega todo lo que ha de permanecer impreso en algún lugar de la memoria.

    Soy sólo mía no es alegre, ni fantástico, ni se nos preenta en formato cómic… Es un libro de los que laceran la piel con el roce de sus páginas.

    Comprometido en la denuncia de la vergonzante lacra que emponzoña cada día más nuestra sociedad, es un libro que remueve y quema por dentro.

    Porque Ratona, «supo que aquel día era el primero de una nueva vida que solo podía ser mejor que la que había dejado atras.»

    No pasa ni una hora desde que terminó la conmemoración del día que nos marcamos en el calendario como 25 de Noviembre Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer y no quiero dejar de pensar en la llaga que dejó este libro sobre mis dedos, la huella en mi corazón; ni en los vivarachos ojitos que sabios, lo puesieron en mis manos y me pidieron lo contase alto y claro con mi voz.

    Porque como señaló la ilustre pedagoga María Montessori «La sabiduría comienza en la admiración de las cosas simples que los niños perciben con claridad».

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